Cansada, de primero yo segundo yo, tomo los tambores, los pianos, las guitarras, los desechos de tu aire, y creo la sinfonía mas fatídica de todos los tiempos, la lanzo en un suspiro esquizo e intento lanzarme con el y el desierto me detiene en un seco escupo amarillo. El paisaje de mi ventana no siempre es el mismo, me lo dijeron niños poetas mudos, y yo les creí.
Nubes, sus formas, y tu desbanesciendote en ellas como una ilusión óptica momentánea, te olvido y quizás sea por poco tiempo. Tic tac y se detiene el reloj, te recuerdo de nuevo, el vaivén de esta música me mueve como un minutero extraviado.
Confusa, es la hora y la fecha en que mi voz se raspo y la tuya sonaba como en cielos rojos con tildes de holocausto, para mañana quizás resusitarme, con agresivas recetas de amor vicioso, amor con calificativo.
Ahora, prefiero unirme a la felicidad embriagante de los días y de la escasa gente que me rodea, prefiero respirar aire nuevo, que el que sobra de tu aliento, prefiero recordarte como lo que fuiste, y no como lo que podrías ser, prefiero que el viento me guié a un nuevo paradigma, en el que ni tu sombra aparesca como aparecía incluso en los encajes de mi ropa. Ahora dejo el masoquismo, te dejo con los días calurosos y las nubes y sus formas.
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